lunes, 21 de marzo de 2016

Volver a empezar

Estimado señor Darcy:

El baile de anoche transcurrió tan aprisa que apenas pudimos hilvanar dos palabras seguidas. Los invitados encantados con el ágape se relajaron en sus sillas y el baile sólo tuvo lugar para los niños, libres de cualquier atadura y prejuicio...
Ellos si disfrutaron realmente la velada.

Era tan concurrido y tan estrecho el salón...
Mis compañeros de mesa todos desconocidos entre sí no atinaban a comenzar una conversación. Sólo mi madre se esforzó, cosa de agradecer, pero con tan mala fortuna que adjudicó a una chafada hermana del pregonero el título de abuela de su sobrino Martín, con el correspondiente bochorno por parte de todos los demás.

Por otra parte le noté muy atento, a pesar de la distancia y los tabiques. Desde la sencillez cálida de mi trato le agradezco su presencia en el evento y sus charlas con mi padre, que exceptuando a ciertas rubias que usted ya conoce no prestó ilusión ni agrado a nadie. No me sorprendió en lo más mínimo.

Pero algo en mi rechaza que vuelva a ser mi familia invitada a cena alguna. Tan hastiado de encontraba. En realidad me da mucha pena porque mi madre goza realmente de estas cosas.

SABER DE SU EMOCIÓN ALLÍ TAMBIÉN ME TUVO ALGO NERVIOSA. TUVO QUE NOTARLO CUANDO FUI A SALUDARLES EN SU MESA. NO QUERIA QUE SE ME NOTARA. YA LE PROMETI MI SILENCIO. TEMO QUE NO FUERA ASI Y PERO EL RESTO, EMBRIAGADOS DE LICOR NO LO  NOTARON.
DE VERAS QUE HUBIERA DISFRUTADO CON UNA SILLA EN AQUELLA ESTANCIA PORQUE LE APRECIO MUCHO. USTED LO SABE.
Elisabeth

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